Cienciasonrisa

La química de una sonrisa I

Comunicación no verbal: la sonrisa.

A todos nos gusta sonreír. Anhelamos esa sensación que nos genera el organismo cuando sale una sonrisa o una carcajada. A causa de querer sentir ese efecto, los seres humanos buscamos constantemente estímulos externos que nos hagan activar esos músculos para poder sentir una vez más esa gran emoción. La música, el baile, un buen libro, una película que nos erice el vello, una buena conversación o simplemente admirar un bebé puede hacernos sonreír.

Cada vez que realizamos lo que se denomina la “sonrisa de Duchenne”, es decir, activamos el músculo cigomático mayor (músculo de la cara situado en la mejilla) y los músculos orbiculares de los ojos (músculos que se sitúan alrededor de los ojos), se activan regiones anteriores del cerebro, típicas del disfrute espontáneo.

¿Qué nos provoca sonreír?

Lo que nunca nos han explicado, es que aunque no estimulemos esos músculos de una forma espontánea, puede pasar lo mismo. Es decir que si forzamos una sonrisa, siempre y cuando se implique el orbicular de los ojos, se activan las mismas regiones cerebrales.

¿Estamos diciendo que si provocamos la sonrisa, forzando la activación de esos músculos, nuestro cerebro creerá que es feliz? Efectivamente. Existen patrones similares en la fisiología de una persona cuando hay una expresión emocional espontánea, en comparación con la realizada de manera voluntaria.

Lee la segunda parte de este post aquí

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