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Tu cuerpo habla

¿Cómo ha influido la fisioterapia en mi camino actual?

Últimamente mucha gente me formula la pregunta: ¿Ser fisioterapeuta te ha servido para escribir tu novela? ¿Si has estudiado fisioterapia cómo que ahora haces formaciones en Comunicación No Verbal?

Para contestar esa pregunta como se merece debo respirar profundo, tragar saliva para digerir todas las emociones que salen de mi pecho, acariciarme el brazo mientras la fricción de piel contra piel me relaja un poco y poder decir con voz trémula:

A mí la fisioterapia me ha cambiado la vida.

Ser fisioterapeuta me ha hecho crecer y madurar. Diría que cualquier profesión que trabajes con personas te hacer ver tu camino de otra manera y sobre todo con personas en situaciones especiales; sea en un hospital, sea una residencia, sea en una mutua. Situaciones donde lo más probable no quieran, ni hayan pedido estar ahí. Cuando sales de la Universidad piensas que te vas a comer el mundo y que vas a cambiar muchas vidas.

Lo que nunca te dicen es que son los pacientes los que te cambian la vida a ti.

Cada paciente, cada conversación, cada abrazo, cada gracias, cada evolución, cada ¡Irene, ya no me duele! Cada ¡Irene, esta mañana he podido ponerme la camiseta sola! Cada ¡Irene, es la primera vez en muchos años que me siento en una silla sin ruedas! Con lágrimas en los ojos. Cada ¡Irene estoy caminando por Plaza Catalunya sola y esto en gran parte es gracias a ti! Todas esas frases y muchas más las tengo impregnadas en mi corazón, en mi piel, como un tatuaje que no deseo borrar.

Además, cuando escuchas sus historias, cuando observas su fortaleza diaria, te das cuenta de la suerte que tienes. No quiero dar rienda al “mal de muchos, consuelo de tontos”, más bien, quiero referirme a que cuando ves a una persona más joven que tú en una silla de ruedas o encamada, te das cuenta que hasta ese preciso momento no te habías dado cuenta que podrías ser tú esa persona. El destino ha querido que yo estuviera en el otro lado, que yo fuera la de bata blanca y ni siquiera doy las gracias cada día. O cuando ves a niños en situaciones de vida o muerte, cuando esa mirada de esos padres que anhelan una caricia, un apoyo, contactan con la tuya y van directa a tu alma, te hace que te entren sudores por no saber cómo actuar, simplemente tocar su brazo con timidez, mirar con la mirada más cálida que puedes e intentar sostener la situación, mientras lo que en realidad querrías hacer, es simplemente llorar.

Cuando pasa todo eso por tu camino, una y otra vez, simplemente cambias.

Nunca entenderé como eso te puede hacer cambiar para mal, quedándote en todo lo malo que pasa en el mundo. Porque después de vivir esas situaciones; cuando un padre te da las gracias por como tratas a su hijo, cuando un niño te abraza, cuando quedas a tomar algo con una paciente tuya que no podía caminar y ahora viene con su coche, cuando los familiares de uno de “tus yayos” vienen expresamente a darte las gracias por el trato con su padre/madre. Ese conjunto te hace querer ser mejor persona, vivir la vida con más sentido, disfrutar cada momento. Pero entendedme, no me refiero a vivir en plan locura, si no, sentir paz cada uno de mis días y darle importancia a lo que es realmente importante (como diría Víctor Kuppers).

¿Qué tiene que ver esto con tus novelas o tus formaciones?

Muy sencillo. Mis novelas, tanto la que está publicada, como las que he empezado, se puede observar cada una de las enseñanzas que he aprendido con mis pacientes. Y las formaciones, están todas dirigidas a hablar desde la emoción real, desde la congruencia. A utilizar la comunicación no verbal lo más cercana posible a nuestras emociones.

Y como último, que el simple hecho de que yo me haya lanzado y continúe mi camino por el emprendimiento no deja de ser el mayor aprendizaje que me han aportado mis pacientes:

 “Si te caes, te levantas. Punto.”

El camino del emprendimiento tiene sus momentos buenos y momentos no tan buenos. Es justo en ese momento, cuando piensas que todo va a salir mal es cuando tienes que coger el aprendizaje de que nada es tan terrible como parece. Tienes que mirar a los ojos a tu pasión y no permitir que nada ni nadie te pare. Cuando a una de tus pacientes le dicen que tiene muchísimas posibilidades de que no vuelva a caminar, que es prácticamente imposible que se levante de la cama nunca y la ves intentándolo una y otra vez. Siempre pienso, ¿imagínate que esa persona ni siquiera lo intenta? Actualmente esta paciente, que ahora es amiga, camina y hace vida como tú y como yo. Su trabajo, su coche, su pareja, su vida. Pues he extrapolado esa actitud de que nadie puede determinar mi futuro en el emprendimiento. Eso ha sido emprender para mí. Eso son mis novelas y mis ganas de continuar con las formaciones en Comunicación No Verbal.

“La vida es como una bicicleta, para mantener tu balance debes seguir moviéndote”.Albert Einstein.