ComunicaciónSobre mí

La motivación en una mirada que me llegó al corazón.

Mi motivación para aprender Comunicación No Verbal tiene nombre. Mi abuela María sufrió micro infartos cerebrales, que le afectaron al área del habla. Poco a poco empezó a tener problemas tanto para hablar como para entender, hasta que su voz se apagó. Por necesidad tuve que aprender a comunicarme sin una sola palabra, así que desde la infancia fui aprendiendo a través de documentales y libros. Dejaba que cada palabra me impregnara, la asimilaba y practicaba con ella. 

Observaba cómo una caricia en su mejilla le hacía cerrar los ojos y realizar una microexpresión de paz. Esa mezcla a mí me hacía respirar profundo y aumentaba mi motivación por aprender más. Se creaban cosas mágicas. Entendí que si le hablaba estando erguida, desde arriba, ella desde su posición inferior en la silla de ruedas simplemente desconectaba. Comprendí que si bajaba a su altura y le miraba directamente a los ojos, su atención era plena. 

Observaba cómo se ladeaba su cabeza o cómo fruncía el ceño cuando lo que le decía no tenía ningún sentido para ella. Hasta aquel día. El día en el que, después de empaparme con estudios y libros de Paul Ekman, decidí que a partir de ese momento solo se hablaría con la mirada, con las cejas y las pupilas. Fue duro al principio, aunque al final su mirada penetró y me llegó directa al corazón. Mantuvimos una conversación sin decir ni una palabra.

Y aquella conversación fue la más sincera y emotiva que he mantenido nunca.

¿Te está gustando el post? Me alegro mucho. Lee la segunda parte aquí y sigue descubriendo mi historia.

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